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El Belgrano que nos ocultaron
Arnaldo Chavidoni
ISBN:978-987-23845-5-5
1º edición
Precio: $240.00.-



Biografía del Autor:

Arnaldo Chavidoni

Docente, escritor y militante de la vida, argentino e internacionalista.

Paulo Freire le movía la mano. Articulaba su pensamiento, marcaba los latidos de su corazón para una pedagogía, tal como expresa Marcelo Valko en el prólogo de la obra de Chavidoni, “Pedagogía para la sumisión”, “enseñándonos la libertad.”-

Fue un docente que abrevó en Ricardo Nervi, Olga Cossentini, Luis Fortunato Iglesias, entre otros, en su ideario socialista.-

Es el autor de “El Belgrano que nos ocultaron”, “Pedagogía para la sumisión”, en Santa Rosa, “Tierra sin mal”, que explora la dominación que sufre el pueblo paraguayo. y “Ramos Mejía”, su obra póstuma.

Autor de notas y artículos en su trayectoria militante nacional e internacional, con amplia experiencia en el trabajo campesino sobre el abordaje, entre otros grandes temas, de la reforma agraria, con las comunidades del norte y del sur, planteando siempre la vida del “Buen Vivir”. Esa filosofía de la naturaleza y el hombre en conjunción, para amar la tierra, donde el ser humano no es explotado y tampoco es negociable.

Pero lo que lo distinguió fue el guardapolvo blanco. La tiza en el pizarrón. La escuela de ladrillo o paredes de chorizo. La del barrio con la “quema” que convirtió junto a los curas del tercer mundo, en una huerta, para que las abuelas se sentaran en sus mesas sin mantel, a disfrutar una ensalada.-

Normalista, pampeano, profesor desvelado por la educación de las madres y los hijos y el tránsito de una historia que se conozca a través del pensamiento crítico.

El Belgrano que nos ocultaron
Arnaldo Chavidoni
ISBN:978-987-23845-5-5
1º edición
Precio: $240.00.-

El Belgrano que nos ocultaron, del escritor Arnaldo Chavidoni, viene a arrimar el candil de uno de los más grandes prohombres de nuestra nacionalidad.

En este afortunado trabajo, el lector encontrará la propia voz de Manuel Belgrano junto a las reflexiones de un consecuente militante del campo popular como es Arnaldo Chavidoni.

Ambas voces abordarán los temas más diversos pero siempre desde la estricta elocuencia de los documentos: la economía, el comercio, la educación, las ideas puras, la ingeniería política, la ecología, el ansia de progreso y el bienestar, la dominación; todos temas propios de los pueblos que tozudamente piensan en plenitud.
La relación entre saber y poder recorre este libro, porque todo poder se sostiene a través de determinados dispositivos de saber, que se reproducen en un complejo reticulado de relaciones en las que todos participamos. Cada dispositivo, sea el gobierno, la iglesia, la escuela, la academia, etc. defiende un determinado saber como forma de ejercer su poder. Por supuesto, quien ejerce el poder puede imponer lo que considera verdadero y ningún saber podrá ser verdadero si carece absolutamente de poder. Esto quiere decir que la verdad nunca estará al margen del poder, sino en estrecha dependencia. La hegemonía, según Gramsci, se refiere a la capacidad cultural de la burguesía para crear, desarrollar y reproducir la realidad burguesa, no por coacción, sino por consenso. Por lo tanto se refiere a la forma cultural e ideológicamente determinada en que se produce y reproduce un régimen de verdad, con el objetivo tácito o explícito de conformar el marco orientativo y valorativo de la práctica social cotidiana.: el sentido común. 

(...) ... El conjunto de saberes, que institucionalizó Mitre en la “Historia Oficial”, respondía al conjunto de saberes históricos que legitimaban el poder de la burguesía de aquellos años, como ahora los nuevos revisionistas deciden qué es lo verdadero y qué es lo falso construyendo una “Nueva Historia Oficial”, que legitima el poder de la burguesía de hoy. Tener en cuenta esto es importante para un verdadero pensamiento emancipador.
Se lo conoce y se pregona desde el poder actual a Manuel Belgrano como el creador de nuestra Bandera Nacional, minimizando, a propósito, su gesta revolucionaria, puesto que ese hecho, el de fundar nuestra enseña patria, si bien fue y es importantísimo, trascendental, aunque se oculte el verdadero significado del sol de la bandera, es una pequeñísima parte, comparado con la totalidad de su obra.

Manuel Belgrano fue un excelente estadista, economista, político, abogado y diplomático, uno de los más completos ideólogos, de los grandes varones probos de Argentina y de Indo América, pero sobre todas las cosas y sin lugar a dudas, es el más grande de los luchadores por una educación, que sirva para la construcción de una nueva identidad vinculada a la emancipación. Educación sobre la base de construir un consenso distinto al imperante, donde el papel de las niñas, futuras madres, sean los pilares de la conformación de un nuevo sujeto social, que apuntale al proceso de cambio. ¿Qué se propone?: crear el misticismo de la libertad en los pueblos subyugados y lograrla; afianzar la independencia, a la cual da un contenido económico y social. Anhela construir una patria de trabajadores, fraternal y justa, sin ignorancia, sin explotación del hombre, sin despotismos, militares o civiles, desterrar el antinatural ocio. Le tocó andar de general por accidente y fue escritor por que las circunstancias lo exigieron así. Eran tiempos de la cultura de la agricultura y la industria, el comercio, la náutica, sin esta, no puede aparecer la segunda cultura: la del espíritu. Por eso es que Belgrano lucha por la cultura de los agricultores, comerciantes y marinos, pero sin olvidar las ciencias, de las letras y de las artes. 

Las obras escritas por Belgrano son sus tres Memorias económicas, cuando era Secretario del Consulado, los artículos en el periódico “Correo de Comercio”, fundado por él, y en el Telégrafo Mercantil, numerosa correspondencia (cartas, oficios, bandos, reglamentos para escuelas o ciudades), y por último su autobiografía.
Todos sabemos que educar es una de las formas de dar poder a quien la recibe, si se hace en un contexto de libertad, pero también puede ser una de las formas más sutiles de dominación. La distribución del conocimiento humano, fue en la antigüedad y es aún hoy, un problema de clase. La iglesia lo tiene bien claro y por eso impuso e impone, con fuerza, su presencia para mantener espacios en el manejo del sistema de educación en los diversos países americanos. 

Es en este contexto de lucha ideológica, en el que Manuel Belgrano sustenta: “Hubo un tiempo de desgracia para la humanidad en que se creía que debía mantenerse al Pueblo en la ignorancia, y por consiguiente en la pobreza, para conservarle en el mayor grado de sujeción; pero esa máxima injuriosa al género humano se proscribió como una producción de barbarie más cruel, y nuestra sabia legislación jamás, jamás la conoció”.
La concepción pedagógica de Belgrano era educar al pueblo para la emancipación y su felicidad plena, y como tal, ese concepto es educación política para el pueblo, educar a los campesinos y artesanos, a los integrantes de culturas nativas, a los pueblos originarios. Esto acontece cuando instala la primera escuela de náutica, que incluye a los integrantes de estas culturas. En cambio, décadas después, Sarmiento sostenía que no había
tiempo para eso, porque urgía instalar el proyecto de modernidad (capitalista), para el cual decía que no había que “ahorrar sangre ni de indio ni de gaucho” (...)

(Fragmento del libro)



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