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Vietnam. Tres batallas decisivas
Luis Manuel Arce Isaac
ISBN:978-987-1750-55-9
1º edición
Precio: $210.00.-



Biografía del Autor:

Luis Manuel Arce Isaac
Camagüey, Cuba, 25/8/1941. Periodista. Corresponsal de Prensa Latina en Uruguay, Perú, Venezuela, España y Panamá. Cubrió para el periódico Granma toda la guerra en Vietnam, incluidos los bombardeos de los B-52 a Hanoi y Haiphong y el minado de los puertos. Participó en el desfile de la victoria en Saigón en mayo de 1975. Primer periodista extranjero en penetrar en la abandonada embajada de Estados Unidos en Saigón.  Participó en el proceso de liberación definitiva de Laos donde convivió con el Pathet Lao en las montañas durante la guerra antiyanqui por la salvación nacional.  Tiene escritos los siguientes libros: Crónicas de Vietnam (testimonio vivo de los bombardeos de los B-52 a Hanoi y Haiphong). Tres batallas decisivas (acciones que determinaron la derrota militar y política de Estados Unidos en Vietnam). La derrota del imperialismo norteamericano en Laos (testimonio directo en el que describe el proceso de liberación de Laos). Todos premiados en concursos literarios en Cuba, escritos en aquella época y agotados desde entonces. Además, el ensayo Política y Petróleo. Crisis Energética y los libros de ficción El último varón y Puerto Cabello. Contrabando a babor (en imprenta).
Vietnam. Tres batallas decisivas
Luis Manuel Arce Isaac
ISBN:978-987-1750-55-9
1º edición
Precio: $210.00.-

Sin lugar a dudas, Vietnam es una fuente inagotable de experiencia y sabiduría de la cual todo aquel que se considere un investigador serio necesita beber. Los antecedentes más inmediatos de las desgracias que ocurren en Iraq, Afganistán, Libia y Siria, países invadidos militarmente y ocupados por Estados Unidos y la OTAN, están en la Península Indochina.

La guerra genocida desatada allí por la Casa Blanca, como una continuación de la que primeramente había desencadenado Francia y continuado Japón durante la II Guerra Mundial, ha quedado registrada en los anales de la humanidad como una de las más perversas y criminales de la era moderna, comparada solamente con el holocausto perpetrado por el nazi-fascismo con la población judía.

A decir verdad, Vietnam debió ser el último punto al que tendría que llegar Estados Unidos en su expansión territorial y sus guerras de conquista. No pocos estimaron que, después de su tremenda derrota en los arrozales vietnamitas, cuyo síndrome, sin embargo, martiriza todavía a generales y políticos, el imperialismo estadounidense comenzaría, como la lombriz de tierra, a recogerse en sí mismo para, en un proceso lento pero irreversible, dar paso a un nuevo tipo de relaciones internacionales en el que conflictos como el vietnamita fueran anécdotas de la prehistoria.

Sin embargo, no ha sido así, y como al perro huevero, al Gobierno de Estados Unidos habrá que seguirle quemando el hocico para poder conseguir una paz digna y, sobre todo, duradera. Significa que el imperialismo estadounidense ha sido debilitado, pero no vencido, y aún tiene el suficiente poder para producir agresiones como la de Iraq o preparar y ejecutar golpes de Estado como el de Honduras contra el presidente constitucional Manuel Zelaya, o mucho antes como aquel fallido contra el gobierno bolivariano de Hugo Rafael Chávez Frías.

Ante la tozudez imperialista puesta de relieve no solamente en Iraq y Afganistán, sino en el reverdecer de los intentos intervencionistas de la Casa Blanca y el Pentágono en los procesos políticos de América Latina y el Caribe, como en los casos de los países del Alba, cobra mayor actualidad y se hace más urgente la necesidad de estudiar todo el proceso político, ideológico y militar que condujo a la gran derrota general de Estados Unidos en Vietnam.

Un hombre de una gran visión en ese sentido fue el Comandante Guerrillero Ernesto Che Guevara cuando abogó, en la lejana década de los años 60 del siglo pasado, a favor de crear dos, tres, muchos Vietnam, y abanderó la idea de estudiar la revolución vietnamita para aplicar, en la lucha contra los imperialistas estadounidenses, los conceptos de la guerra de todo el pueblo defendida por el presidente Ho Chi Minh y teorizada por ese gran estratega militar y héroe de Dien Bien Phu, el general Vo Nguyen Giap.

He querido hacer esta breve introducción para poner a disposición del lector esta obra, “Vietnam: Tres batallas decisivas”, que tiene el ánimo de estimular a los interesados en el estudio y análisis de una guerra genocida que marcó para siempre al mundo y que ha puesto de manifiesto la naturaleza agresiva y criminal del imperialismo estadounidense. Las guerras de agresión y conquista en Iraq y Afganistán, repito, son motivos más que suficientes para emprender una investigación y análisis bien a fondo de la guerra en Vietnam, sobre todo en aquellas sociedades amenazadas por ese poderoso e insaciable enemigo.

Creo, por lo tanto, que es importante una nueva edición de este pequeño libro que comencé a escribir sobre el terreno en mayo de 1975, cuando ya el Gobierno de la entonces República Democrática de Vietnam me había autorizado a desplazarme por tierra hacia el sur de Vietnam para “caerle atrás” a la liberación.
Tuve el extraordinario privilegio de recorrer el país desde el paralelo 17, entonces límite entre las dos partes de Vietnam, hasta el propio Saigón, por la carretera nacional 1, y ver –más bien disfrutar- como testigo excepcional, la histórica victoria del pueblo vietnamita, participar en el desfile popular que la coronó, y en la proclamación de la capital del régimen títere como Ciudad Ho Chi Minh. Entrevistarme con muchos héroes, hablar con la gente común, y ser el primer corresponsal extranjero en entrar en la abandonada embajada de Estados Unidos en Saigón.

Aunque ese pasaje no está recogido en el libro porque en el momento que lo escribí no se podía decir, en Nha Trang coincidí con el general Vo Nguyen Giap, -el héroe de Dien Bien Phu y autor de la teoría de “la guerra de todo el pueblo”- a quien ya había entrevistado en Hanoi en otras ocasiones, y me hizo una valoración del significado histórico de la liberación que me sirvió de base para la proyección del libro, el cual fue publicado por la editorial Girón de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba en 1983.

Como periodista, tuve también el privilegio de estar presente en Vietnam, a partir de 1967, en todos los acontecimientos importantes de la guerra en Indochina, particularmente Vietnam y Lao. En el primero fui testigo, entre otras, del inicio de la guerra aérea de destrucción, la guerra meteorológica contra diques y represas y las Pascuas Sangrientas de Nixon con la participación masiva de B-52 en los bombardeos a Hanoi y Haiphong y el minado de los puertos, de las cuales tengo un pequeño libro que describe minuto a minuto aquel salvaje crimen. En Lao estuve presente durante varios meses en el proceso de rendición del régimen títere del príncipe Souvanna Phouma y la salida del país de las tropas y el personal de Estados Unidos. Sobre ese acontecimiento escribí un libro-testimonio titulado La derrota del imperialismo norteamericano en Laos.
Con Tres batallas decisivas quise rendir homenaje al pueblo vietnamita y a su querido líder Ho Chi Minh, pero al mismo tiempo dejar para la historia un testimonio de cómo fueron aquellos acontecimientos y cómo Estados Unidos perdió la guerra. Sabía que el Gobierno de ese país tergiversaría la hazaña vietnamita e imaginaba que Washington haría un esfuerzo de propaganda imperialista para presentarle al público, dentro y fuera de Estados Unidos, una visión falseada y hasta ridícula, -películas como Rambo así lo confirmaron- de lo que en realidad sucedió en los arrozales indochinos. Pienso que este libro haya contribuido al propósito de dar una visión de lo que realmente aconteció y sirva para estimular a mayores y más profundas investigaciones, en especial a los sectores más interesados en este hito histórico.

Pasado tanto tiempo de aquella guerra, y motivado por lo que está sucediendo en Iraq, Afganistán y Libia, creo que “Vietnam: Tres batallas decisivas”, puede ser, de nuevo, un importante instrumento de denuncia para poner al desnudo la naturaleza criminal del imperialismo estadounidense, cuya esencia no ha cambiado lo más mínimo en este tercio de siglo desde su sonada derrota en Vietnam, Lao y Camboya.



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